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Mostrando entradas de mayo, 2022

La mirada de una niña

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La mirada de una niña. Su cabecita con piojos y sus zapatos rotos. Los mocos caen de su diminuta nariz. ¿me peinas? Pregunta. Con mucho gusto, le contesto. Mientras, ella va sacando de mi bolso lápices, brillos y hasta un perfume chiquitito. ¿Me ponés perfume? Vuelve a preguntar. Sí, pero primero te termino de peinar. Su mirada curiosa me deja un nudo en la garganta... Ella es una de millones de niñas en el mundo, que podría o no, cambiar su realidad. Ya me voy seño, dice toda perfumada... No, no soy seño. Soy tu compañera de lucha, pequeña maestra... Escrito 2016

Los afectos sanadores

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Un vaso de cerveza,  Una copa de vino,  Un alegre baile,  Una conversación, Un intercambio de miradas, Todo eso y más nos puede unir a una persona y ¡hay que celebrarlo! Cuando los afectos trascienden se convierten en sanadores.  Porque somos capaces de intentar comprender lo que las otras y otros están viviendo y enfrentando, vamos sanando junto a ellas y ellos.  Mientras van creciendo los afectos, nos atrevemos a vernos como somos: con errores y limitaciones, en miras de superarnos a nosotras mismas y crecer. En mi vida esos afectos sanadores son pocos pero no hace falta ninguno más (no por ahora)  Cada persona con la que he tenido posibilidad de tejer afectos es única.  Llevo en mi memoria un recorrido de su ser físico, su ser espiritual, los momentos compartidos y la posibilidad de seguir guardando más y más recuerdos.     Los afectos sanadores son maravillosos, nos reconectan, como lazos umbilicales con nuestra madre tierna, con aro...

El mar

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Pensaba que le tenía miedo al mar… descubrí que no.    A lo que le tengo miedo, es a mostrar mi cuerpo… y a recordar toda la carga emocional que conlleva no llenar esos “ideales” que a la fuerza nos los enseñan desde pequeñas. Qué difícil es escribirlo pero también resulta liberador. Pero un día me enfrenté al mar. Lo vi de lejos, lo sentí de cerca.  Me aventó con sus olas y me hizo reír junto a mis seres queridos.  Me convencí de que el mar no es el malo, no es mi enemigo, aún con esos colores grisáceos y con su  inmensidad que me encoge de hombros; por el contrario, es una muestra de que el agua está allí para recibirnos, para hablar con ella y pedirle que se lleve nuestros temores y sustos. Amo mi cuerpo, lo celebro, pero ha sido un amor construido.  Debemos dejar a un lado las bromas y los comentarios que duelen mucho, que si muy gordita, que si muy flaquita, que si muy chaparrita, que sí, que sí, que si...   Y sí, aún me falta enamorarme más ...

El dolor en una caja de zapatos

  Hoy fue un día extraño para mí.  Desde que amaneció hasta que terminó, pero quiero y necesito describir la escena que me conmovió, que me partió el alma y me volvió a recordar la lucha contra este cruel sistema social que maneja nuestra vida a su antojo. Salí del trabajo. Fue una tarde hermosa, el sol impactaba: redondo, grande, naranja, amistoso.  A lo lejos, en una esquina, vi a una persona en la banqueta, intenté buscar más detalles porque percibí algo diferente.  Era un joven, estaba de rodillas, tenía puesto un suéter con capucha (gorro) que le cubría la cabeza y el rostro. A un lado tenía una caja de lustre, era un joven lustrador de zapatos. Con una fila de carros esperando a que avanzara, no me quedó otra opción que hacerlo.   Avancé una cuadra, pero la escena me inquietó muchísimo así que decidí volver.  Me tomó un poco de tiempo porque en hora pico avanzar doscientos metros implica más tiempo de lo normal. Deseaba que ya no estuviera allí, ...

Cuba Cubita

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  Imaginé la escena muchas veces: Sentada, disfrutando un buen ron, escuchando música, bailando y siendo la más feliz del mundo!  Pasaban los días y el sentimiento desaparecía.  Pasaban más días y el sentimiento resurgía. Y así pasaron los años.   Con un grupo de amigas hicimos el plan de ahorrar y viajar juntas a finales de este año.  Pero la vida es generosa y el viaje se hizo realidad antes de lo esperado... Caminando por Cuba, por Santiago, por la Habana Vieja; caminando con alegría, con emoción y he de decir que lo vivido sobrepasó, por muchísimo, aquellas escenas creadas en mi imaginación.   La mayoría de días de la visita los pasé en Santiago de Cuba, ubicado al oriente, es la segunda ciudad más grande e importante del país.  Cuna de cultura, arte, letras, resistencia, lucha, revolución y libertad.  Sus calles son alegres como las personas santiagueras.  También conocí La Habana Vieja, es increíble, pero mi corazón se quedó e...

Si usted me dice

  Si usted me dice que cree que es posible construir un mundo donde todos y todas tengamos las mismas oportunidades de vivir, con dignidad, significando eso vivir en condiciones alegres, sanas, amorosas. Un mundo donde podamos tomar de la naturaleza lo necesario, cuidándola y respetándola.   Si coincidimos, usted y yo podríamos continuar conversando y construyendo. Si usted me dice, yo le digo. 

Me llamaban rebelde...

  Vengo de una familia numerosa.   Cada quién ha decidido el rumbo de su vida. Todos nos mantenemos unidos emocionalmente.  Yo también decidí.   De niña me llamaban rebelde, berrinchuda, malcriada, haragana y contestona. Decían que me iba a quedar sin esposo, que no iba a tener hijos porque así "nadie me iba a querer".  Yo, más rebelde aún.   Pero no soy una rebelde de aquellas que se desnudan frente a multitudes (aún no llego a ese admirable nivel) ni la que realiza pintas en las calles como protesta (no me sale ni un garabato).   Mi rebeldía es diferente, digna, al igual que todas las rebeldías de las mujeres.   Siempre me asumí libre, así, sin más.  Fuera de moda, fuera de todo lugar.  Decidí mis caminos, pedí la bendición y hoy me acompaño de una hija, un hijo y un compañero a quienes amo.   Me dijeron “no puedo creer, nunca te imaginé como mamá”.  Mis constantes pensamientos de cómo hacer...

Mi abuelo indígena

  He vivido muchas situaciones misteriosas, he recibido muchas señales y he tenido muchos encuentros, tan extraños como yo misma. Un día, estando fuera de mi país, un joven alto, me miró y me dijo: ¿usted es de Honduras?  No. Soy guatemalteca, le dije.  A usted no es fácil que le hagan daño, pues un abuelo indígena le acompaña, allí está, a la par suya, vestido con saco negro y sombrero, la protege.  Me dijo.   No solo tengo un abuelo indígena, los dos abuelos y las dos abuelas son indígenas mayas kaqchiqueles, pero esa es una historia que otro día compartiré.  Me dijo que yo padecía de molestias en el vientre (cosa que no noté sino hasta unos cuantos años después), que en Guatemala vivía cerca de Antigua Guatemala (antigua ciudad del país, destruida por un terremoto y por la erupción del volcán).   Me quedé asombrada. No había forma de que lo supiera.  En Guatemala, yo vivo cerca de ese lugar.   Cuando le pregun...

Las abuelas

  Las abuelas… Algo tiene su alma. Algo tienen sus palabras, algo que impacta. Su sabiduría lleva años creciendo generosamente y la comparten, como lo hacen con el cacao, el boj y el maíz convertido en tortillas frescas, grandes, redondas. Las adultas… Entre alegría y dolor por la realidad en la que viven,  fuertes para enfrentarla. Con cuerpos morenos, dorados por el intenso sol, piel firme que no esconden, con ansias de compartir, urgidas de hablar. Las jóvenes… Con risas coquetas, con esa inquietud de querer saber más y de conocer más de la vida. Tienen un gran camino que recorrer, pedimos al cielo que les acompañe y les abra nuevos horizontes.  Que a través de su andar, las adultas y  las abuelas vean que todo valió la pena, hasta las lágrimas que nunca debieron rodar. Las niñas… Riendo, corriendo, chapoteando en el agua que nos presta sus orillas para encontrarnos.  Sin reflexionar tanto porqué están allí, o quizá sí.  Es necesario que estén, ella...

Haz lo que tu corazón te dice

  Sucede que toda en esta vida es energía. Al ser energía fluye en un ir y venir. Se deja tocar, se deja sentir.   Nos llenamos de alegría, nos vaciamos de tristeza.  Saltamos de ilusión, nos vuelca la decepción.  Así es esto. En los momentos en donde el cuerpo se cansa y todo se estanca, es cuando la energía (que nadie ve pero que nos acompaña siempre) necesita llamar nuestra atención. Eso me sucedió un día. De pronto, en un lejano lugar, una abuela me dijo "hacé lo que tu corazón te pide" luego del respectivo escalofrío, asumí que era una frase propia de la sabiduría de las mujeres adultas.   Una abuela hermosa, su sonrisa ya no está adornada de perlas, sus ojos miraron lo peor de lo humano, lloraron sangre. Ha logrado, con mucha dificultad, curar el dolor a través de su lucha cotidiana.  No sé como descubriré lo que me quiere mi corazón, pero mientras tanto me dice que debo ser fuerte, que debo seguir, aunque sentir esto me da tristeza, me...

La dulzura de lo inconveniente

La lucha cotidiana es insistencia, es inconveniente para la normalidad injusta de  nuestros días. ¿Cómo hacer para que el deseo de seguir luchando deje de fluir?  Es, prácticamente imposible.  Porque cuando se desea algo, se siente en el alma.  Se traduce en intenciones. Lo que no sucede por casualidad pasa por decisión.  Así es esto de luchar pensando y luchar sintiendo, in- convenientemente.  3 de mayo de 2016