El mar
Pensaba que le tenía miedo al mar… descubrí que no.
A lo que le tengo miedo, es a mostrar mi cuerpo… y a recordar toda la carga emocional que conlleva no llenar esos “ideales” que a la fuerza nos los enseñan desde pequeñas. Qué difícil es escribirlo pero también resulta liberador.
Pero un día me enfrenté al mar. Lo vi de lejos, lo sentí de cerca. Me aventó con sus olas y me hizo reír junto a mis seres queridos. Me convencí de que el mar no es el malo, no es mi enemigo, aún con esos colores grisáceos y con su inmensidad que me encoge de hombros; por el contrario, es una muestra de que el agua está allí para recibirnos, para hablar con ella y pedirle que se lleve nuestros temores y sustos.
Amo mi cuerpo, lo celebro, pero ha sido un amor construido. Debemos dejar a un lado las bromas y los comentarios que duelen mucho, que si muy gordita, que si muy flaquita, que si muy chaparrita, que sí, que sí, que si...
Y sí, aún me falta enamorarme más de él y aceptar que no llena, ni llenará lo impuesto, pero que lleva historias de mis abuelas, de mi madre, de mis hermanas, de mis sobrinas, de mi hija. ¡Mi cuerpo es mi primer territorio!
Que el mar se lleve los miedos y que en su inmensidad se pierdan, que se disuelvan y se conviertan en arena de mil colores.
Que el mar traiga alegría, aceptación y plenitud. Para amarnos más y toquemos caracolitos de mar con nuestras propias manos…
14 de mayo de 2019

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