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Te vi, te vi. Veniste a vernos.

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  Te vi, te vi. Veniste a vernos.   Mi despertar fue hermoso.   Recordé los detalles de mi sueño y me encantó volver a verte.     Ella nos vino a visitar.  Entre queja y chisme nos comentaba su alegría de estar de este lado. J unto a ella organizamos un altar hermoso, alto, grande, con cortinas vistosas,   como las que utilizamos para su rezo   (el acostumbrado rezo que se hace cuando una persona fallece y se pide por su descanso eterno).   Le pregunté cómo era estar allá, me contestó –en tono aburrido- que era tranquilo, que había luz pero que no había mucho que ver  (ella era muy atenta a su entorno, por decirlo elegantemente jejeje)  y que no quería volver allá tan pronto.     En mi sueño toda la familia estaba en preparativos, había mucho corre corre, era fiesta, era alegría.      La familia de hermano Luis estaba preparando un viaje, iban para la calle, con maletas en mano, con pasajes aér...

Las mujeres como las aguas, cuando se juntan crecen…

  Las mujeres como las aguas, cuando se juntan crecen… Éramos pan, montaña rifle, machete, porcelana, voces tejiendo a oscuras la palabra. Y allí  rumiando estupideces nos miraban los ojos  del secreto, son mujeres gritaban con sus lenguas dormidas por los rezos, son mujeres ¡silencio! Y nosotras  poseedoras del dios de la batalla parimos frente a ellos sus derrotas las bordamos con miel de nuestras manos las sellamos con piel  de nuestras bocas y a paso de gaviota embravecida las hicimos victorias. Éramos pan, montaña, / rifle, machete, porcelana… mujeres nada más haciendo historia. Leda María García Pérez.

Días traslapados

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  S e traslapan con alegrías y tristezas,  con rayos de sol y gotas de lluvia,   con esperanza y decepción. se traslapan con sentimientos,  con intenciones pasajeras y deseos permanentes.  Y sí,  Hace falta escapar. Salir corriendo con los brazos abiertos,  viendo al cielo, deseando un día, un día nada más, para estar... sin traslapes de horarios, sin rutinas. Así está mi corazón hoy, deseando mucho pero teniendo poco.  

La mirada de una niña

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La mirada de una niña. Su cabecita con piojos y sus zapatos rotos. Los mocos caen de su diminuta nariz. ¿me peinas? Pregunta. Con mucho gusto, le contesto. Mientras, ella va sacando de mi bolso lápices, brillos y hasta un perfume chiquitito. ¿Me ponés perfume? Vuelve a preguntar. Sí, pero primero te termino de peinar. Su mirada curiosa me deja un nudo en la garganta... Ella es una de millones de niñas en el mundo, que podría o no, cambiar su realidad. Ya me voy seño, dice toda perfumada... No, no soy seño. Soy tu compañera de lucha, pequeña maestra... Escrito 2016

Los afectos sanadores

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Un vaso de cerveza,  Una copa de vino,  Un alegre baile,  Una conversación, Un intercambio de miradas, Todo eso y más nos puede unir a una persona y ¡hay que celebrarlo! Cuando los afectos trascienden se convierten en sanadores.  Porque somos capaces de intentar comprender lo que las otras y otros están viviendo y enfrentando, vamos sanando junto a ellas y ellos.  Mientras van creciendo los afectos, nos atrevemos a vernos como somos: con errores y limitaciones, en miras de superarnos a nosotras mismas y crecer. En mi vida esos afectos sanadores son pocos pero no hace falta ninguno más (no por ahora)  Cada persona con la que he tenido posibilidad de tejer afectos es única.  Llevo en mi memoria un recorrido de su ser físico, su ser espiritual, los momentos compartidos y la posibilidad de seguir guardando más y más recuerdos.     Los afectos sanadores son maravillosos, nos reconectan, como lazos umbilicales con nuestra madre tierna, con aro...

El mar

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Pensaba que le tenía miedo al mar… descubrí que no.    A lo que le tengo miedo, es a mostrar mi cuerpo… y a recordar toda la carga emocional que conlleva no llenar esos “ideales” que a la fuerza nos los enseñan desde pequeñas. Qué difícil es escribirlo pero también resulta liberador. Pero un día me enfrenté al mar. Lo vi de lejos, lo sentí de cerca.  Me aventó con sus olas y me hizo reír junto a mis seres queridos.  Me convencí de que el mar no es el malo, no es mi enemigo, aún con esos colores grisáceos y con su  inmensidad que me encoge de hombros; por el contrario, es una muestra de que el agua está allí para recibirnos, para hablar con ella y pedirle que se lleve nuestros temores y sustos. Amo mi cuerpo, lo celebro, pero ha sido un amor construido.  Debemos dejar a un lado las bromas y los comentarios que duelen mucho, que si muy gordita, que si muy flaquita, que si muy chaparrita, que sí, que sí, que si...   Y sí, aún me falta enamorarme más ...

El dolor en una caja de zapatos

  Hoy fue un día extraño para mí.  Desde que amaneció hasta que terminó, pero quiero y necesito describir la escena que me conmovió, que me partió el alma y me volvió a recordar la lucha contra este cruel sistema social que maneja nuestra vida a su antojo. Salí del trabajo. Fue una tarde hermosa, el sol impactaba: redondo, grande, naranja, amistoso.  A lo lejos, en una esquina, vi a una persona en la banqueta, intenté buscar más detalles porque percibí algo diferente.  Era un joven, estaba de rodillas, tenía puesto un suéter con capucha (gorro) que le cubría la cabeza y el rostro. A un lado tenía una caja de lustre, era un joven lustrador de zapatos. Con una fila de carros esperando a que avanzara, no me quedó otra opción que hacerlo.   Avancé una cuadra, pero la escena me inquietó muchísimo así que decidí volver.  Me tomó un poco de tiempo porque en hora pico avanzar doscientos metros implica más tiempo de lo normal. Deseaba que ya no estuviera allí, ...