Te vi, te vi. Veniste a vernos.
Te vi, te vi. Veniste a vernos. Mi despertar fue hermoso. Recordé los detalles de mi sueño y me encantó volver a verte. Ella nos vino a visitar. Entre queja y chisme nos comentaba su alegría de estar de este lado. J unto a ella organizamos un altar hermoso, alto, grande, con cortinas vistosas, como las que utilizamos para su rezo (el acostumbrado rezo que se hace cuando una persona fallece y se pide por su descanso eterno). Le pregunté cómo era estar allá, me contestó –en tono aburrido- que era tranquilo, que había luz pero que no había mucho que ver (ella era muy atenta a su entorno, por decirlo elegantemente jejeje) y que no quería volver allá tan pronto. En mi sueño toda la familia estaba en preparativos, había mucho corre corre, era fiesta, era alegría. La familia de hermano Luis estaba preparando un viaje, iban para la calle, con maletas en mano, con pasajes aér...