Te vi, te vi. Veniste a vernos.


 

Te vi, te vi. Veniste a vernos. 

Mi despertar fue hermoso.  Recordé los detalles de mi sueño y me encantó volver a verte.   

Ella nos vino a visitar.  Entre queja y chisme nos comentaba su alegría de estar de este lado. Junto a ella organizamos un altar hermoso, alto, grande, con cortinas vistosas,  como las que utilizamos para su rezo  (el acostumbrado rezo que se hace cuando una persona fallece y se pide por su descanso eterno).  Le pregunté cómo era estar allá, me contestó –en tono aburrido- que era tranquilo, que había luz pero que no había mucho que ver (ella era muy atenta a su entorno, por decirlo elegantemente jejeje) y que no quería volver allá tan pronto.   

En mi sueño toda la familia estaba en preparativos, había mucho corre corre, era fiesta, era alegría.    

La familia de hermano Luis estaba preparando un viaje, iban para la calle, con maletas en mano, con pasajes aéreos.  Yo les dije: ¿si se fijaron que a donde van no les vayan a pedir visa? Otra de mis hermanas buscó en su teléfono y les dijo con susto: sí, si piden visa…  y entonces ya no pudieron viajar.  Finalmente toda la familia rió de esa locura, Flory también.   

Ella se veía como estaba antes de iniciar la etapa final del cáncer, su carita rosadita, su pelo grueso, negro, con algunas ondulaciones coquetas, con un cuerpo poderoso y un corazón demasiado generoso.  Cuando partió, su cuerpo aún era poderoso porque resistió como la más valiente del mundo un proceso duro, y su corazón continuó irradiando generosidad hasta el último suspiro. 

Hoy, durante la mañana mantuve un cansancio inexplicable, era una sensación de desvelo y somnolencia, sin duda fueron los preparativos…

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