Los afectos sanadores




Un vaso de cerveza, 

Una copa de vino, 

Un alegre baile, 

Una conversación,

Un intercambio de miradas,

Todo eso y más nos puede unir a una persona y ¡hay que celebrarlo!

Cuando los afectos trascienden se convierten en sanadores.  Porque somos capaces de intentar comprender lo que las otras y otros están viviendo y enfrentando, vamos sanando junto a ellas y ellos. 

Mientras van creciendo los afectos, nos atrevemos a vernos como somos: con errores y limitaciones, en miras de superarnos a nosotras mismas y crecer.

En mi vida esos afectos sanadores son pocos pero no hace falta ninguno más (no por ahora)  Cada persona con la que he tenido posibilidad de tejer afectos es única. 

Llevo en mi memoria un recorrido de su ser físico, su ser espiritual, los momentos compartidos y la posibilidad de seguir guardando más y más recuerdos.    

Los afectos sanadores son maravillosos, nos reconectan, como lazos umbilicales con nuestra madre tierna, con aroma a tierra húmeda y geranios multicolores.   

Escrito 4 de junio de 2019  

 

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