Mi abuelo indígena

 He vivido muchas situaciones misteriosas, he recibido muchas señales y he tenido muchos encuentros, tan extraños como yo misma.


Un día, estando fuera de mi país, un joven alto, me miró y me dijo: ¿usted es de Honduras?  No. Soy guatemalteca, le dije. 

A usted no es fácil que le hagan daño, pues un abuelo indígena le acompaña, allí está, a la par suya, vestido con saco negro y sombrero, la protege.  Me dijo.  

No solo tengo un abuelo indígena, los dos abuelos y las dos abuelas son indígenas mayas kaqchiqueles, pero esa es una historia que otro día compartiré. 

Me dijo que yo padecía de molestias en el vientre (cosa que no noté sino hasta unos cuantos años después), que en Guatemala vivía cerca de Antigua Guatemala (antigua ciudad del país, destruida por un terremoto y por la erupción del volcán).   Me quedé asombrada. No había forma de que lo supiera.  En Guatemala, yo vivo cerca de ese lugar.  

Cuando le pregunté si él conocía mi país, me dijo riendo “yo no he salido ni de mi provincia”. Tras una limpieza energética y recibir otros consejos, se despidió.

Pregunté su edad.  23 me dijeron. Yo pensé que tenía más de 30. 

Y sí, mi abuelo me acompaña.  Es serio, con el ceño fruncido así como me mantengo yo, por eso mi cara de enojona. 

Si es abuelo materno o paterno no lo sé. Lo que me tranquiliza la vida es que aquí está y estará para siempre, cerquita de mí.

7 de agosto de 2016

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